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Los límites autoimpuestos de la sexualidad femenina

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Es algo ya palpable, el movimiento #MeToo ha cambiado la dinámica sexual entre hombres y mujeres, pero ¿ha transformado también los fantasías femeninas? Gillian Anderson (sí, la de Expediente X y Sex Education) explora esta cuestión en su libro Quiero, donde recopila 174 fantasías íntimas de mujeres. Y es que muchas confiesan sueños eróticos donde son dominadas, atadas o incluso violadas…, pero con una buena dosis de remordimiento. ¿Feministas disfrutando de ser «usadas»? El conflicto está servido.

El libro Mi Jardín Secreto ya revelaba fantasías salvajes (incesto, zoofilia…) en los años 70, pero hoy las mujeres se autocensuran. Aunque el BDSM está en auge (el 47 % de compradoras fetish son jóvenes!), el #MeToo ha puesto en duda si está «bien» fantasear con el poder masculino. ¿Ejemplo? Un trío porno donde dos mujeres se declaran esclavas sexuales de su amo… ¿Machismo o sumisión consentida?

El psiquiatra Philippe Brenot confirma que el fantasma más común en mujeres es «ser tomadas con fuerza». ¿Paradoja? Sí. Pero como dice Gillian Anderson: «En el fantasía, ellas controlan aunque jueguen a ser sumisas». Moraleja: después del #MeToo, el verdadero tabú no es el deseo, sino no atreverse a vivirlo.